Pitagóricos-Esoterismo-Mito y Razón

El siguiente capítulo es de un escrito que habla de los pitagóricos, su influencia en el proceso de conocimiento. Del mito y la razón y del deleite y peligro de la belleza.

LOS PITAGÓRICOS

 

Reivindicación de la primacía de los Sentidos y la Razón.

 

LA SEDUCCION DE LO ESOTÉRICO

“El mundo encantado y quimérico del mito y la magia que es una etapa histórica necesaria en la formación del conocimiento de los pueblos primitivos, y también en la etapa infantil de la formación psicológica del hombre individual, y que puede ser una fuente de inspiración para el arte y la literatura, resulta peligroso en cambio cuando se lo quiere reinstalar en la vida cotidiana de los tiempos modernos y es perverso cuando se lo usa como instrumento político. (En  “El retorno del esoterismo” ESCRITOS SOBRE ESCRITOS, CIUDADES SOBRE CIUDADES.  Paga. 206, Buenos Aires, junio   1997, Sudamericana. Juan  J. SEBRELI).

 

El conocimiento esotérico es – y ha sido siempre- el celoso dominio de aquella mínima porción de la humanidad  que fuera iniciada como perteneciente a alguna de las sociedades secretas dispersas por todo el planeta en las distintas épocas de la historia. La condición secreta, consanguíneamente selecta, de esos individuos  “iniciados”  embarga a cada miembro del grupo de un sentimiento satisfactoriamente elitista.

La voluntaria auto-segregación, constituida en emblema o florilegio orgulloso, se hace más palpable cuando aquella pertenencia se retro-alimenta. Esto acontece cada vez que un grupo esotérico construye y practica algunas maneras o ritos propios; los ritos constituyen formalidades que impresionan a los sentidos. Tienen valor y son apreciados como consecuencia directa de la cualidad sensible de la naturaleza humana. Sobre esta cualidad esencial del hombre y de sus potenciales bondades y perversiones, trata este escrito.

RITO Y SECRETO

El Rito: Una herramienta.

El Secreto: Una necesidad.

Los ritos nos sirven para impresionar nuestros sentidos: los gestos y ademanes  cautivan nuestra vista con el deslumbramiento de la forma y el color, espectacularmente; la  retórica percute los oídos con ritmo dramático y convincente; la música sublima y embriaga; los aromas (o el incienso)  adhieren a la  íntima memoria. Todo jerarquiza el trabajo del iniciado, solemnizando hasta lo inolvidable las vivencias dentro de los ámbitos de tarea.

Pero los ritos son medios, no fines. Cuando sus símbolos son objeto de adoración, se cae en una suerte de religión de segundo grado o degradada; remedo de la superstición. Por lo demás,  exagerar los ritos es solemnizar lo nimio, magnificar lo secundario.

El secreto ritual sirve para distinguir al miembro del que no lo es. Por ejemplo, en el caso de la Masonería (por tomar la institución más famosa de las que alardean su librepensamiento), donde los arcanos de la simbología iniciática –  “in crescendo” a cada grado superior – constituiría una gradualidad en el acceso al conocimiento;  también sirve para reconocer el grado al que pertenece el miembro. Pero la pretensión de resultar privilegiado, únicamente por ser diferenciado, resulta infantil. Y desafía los fines de la institución, como sociedad esotérica.

La circunstancia que justifica el secreto (abstrayéndonos del pecado de la vanidad por pertenecer a una elite), tiene base en la necesaria defensiva supervivencia; contra la intolerancia y el fanatismo, fatales ante la infidencia.  Por no hablar de la pérdida de  la superioridad de competir desde la sombra, haciéndose más difícil de combatir.

La necesidad del secreto se justifica, aún en una civilización ya tolerante, como las de occidente, como medida precautoria. Ante la eventualidad siempre probable de un futuro con retrocesos a peldaños inferiores del grado actual de tolerancia de las ideas,. El progreso moral de la  sociedad común es voluble y provisional como conquista. Recuérdese el “corsi e ricorsi” del filósofo VICCO.  Por lo que en las sociedades esotéricas el secreto como deber podría ser una cuestión de supervivencia.

OCULTISMO Y RAZON.  SIMBOLISMO Y  MITO.

Sabido es que el ocultismo, como vía de acceso al conocimiento a través de revelaciones místicas y rituales aferradas a un simbolismo de dogmática interpretación,  posibilita muchas interpretaciones.

Cabe interrogarse acerca de la sensatez del simbolismo, como del propio ocultismo en que a menudo deriva lo simbólico. V.G.: En la masonería, un aprendiz debe todo razonarlo con tres posibilidades: Tres herramientas, tres alternativas,  tres pasos, etc. (La ineludible trilogía  también está en el rito de la Iglesia Católica: V.G. Divina trinidad, tres veces amén, Etc.) Esto en personalidades inseguras, sin pensamiento crítico y sin la autosuficiencia que se tiene cuando se acepta la incertidumbre como un camino a la verdad, genera una suerte de convicción análoga a la fe. Peligrosamente cerca de la irracionalidad y el fanatismo.

Embriagar a los aprendices con el  entusiasmo  de que los ritos le facilitarán acceso al conocimiento por otra vía que por la razón equivale a  legitimar lo irracional.  Lo que implica que el simbolismo, peculiaridad típica de la Masonería, a pesar de ser un método de razonamiento, en el caso de los espíritus frágiles, temerosos de la incertidumbre, necesitados de las muletas usuales de la ideología) conduce a las antípodas del ideal masónico.

El conocimiento racional, cuando se plasma en ritos, se vale de la simbología ineludiblemente. Los símbolos impresionan a los sentidos. Estos, sin una fiscalización escrutadora de la razón, nos aproximan  al precipicio de lo Mítico. Abismo siempre hambriento que con sus cantos de sirena fascina y llama a deslizarse hacia la casi erótica fisura, por lo atrayente, del “ocultismo”; emboscado en la naturaleza  ancestral de todos los hombres.

Es natural deducir que el hombre, sobre el plano inclinado seductor de una religión laica, confiado en las muletas mencionadas, pudiera sufrir los mismos deslices. En terrenos resbalosos, recaídas seguras, como en las  religiones: dogmatismo, fanatismo, intolerancia.

La propensión ocultista es atajo atrayente emboscado en la naturaleza del hombre. Y tiene conexión con la índole esencialmente instintiva (biológica) para relacionarse con la realidad. Y, a partir de ahí, para adoptar  sus más íntimas convicciones: Su escala de valores y su personal forma de ver el mundo.

Lo dicho es  más que suficiente para que,  partiendo de LOS PITAGORICOS – por la ubicación de los mismos en la perspectiva de las Ordenes esotéricas –  tenga una estrategia que,  respetando a  quienes prefieren la intuición al análisis, o  que son muy estrictos y  respetuosos del simbolismo, me permita volcar algunas reflexiones íntimas – un poco insolentes- sobre la acreditada escuela del Viejo Geómetra. Hombre ilustre, pero con algún corolario no tan digno de veneración

A tenor de la tendencia a incurrir en las modas de la “intelligentzia” cabe destacar los peligros que corre la humanidad de retroceder,  desde la apariencia de un racionalismo instalado definitivamente, a una religiosidad sincrética o una peligrosa mitología. Y no solo del hombre común. Hay personas con estudios universitarios que bañándose en simbologías – hasta astrológicas -,  desembocan  en un  sincretismo de teologías banales.

¿Quien puede descartar que hasta en las logias más racionales, a veces en andas de una vaga teosofía, se cuele  el dogma y la intolerancia?  Sería un caso lamentable para quienes únicamente le dan legitimidad al uso de la Razón, como  llave de  acceso al conocimiento.

Aceptar lo contrario es darle cabida, en la epistemología, al orientalismo; al que temía tanto Aristóteles,  cuando a Alejandro Magno  lo prevenía de sus lujos embriagantes; ajenos al espíritu occidental.  Se infectaría de irracionalismo al espíritu jónico de los griegos, singularmente y originariamente independizado de los mitos; espíritu racional tan cuidadoso de la objetividad, que diera lugar a la filosofía y a la ciencia por primera vez en la historia de la humanidad.

La preocupación viene a cuento porque, con la coartada de un ritual, puede dibujarse mitos, pretendiendo su legitimación. Enmascarando nuevas formas de autoritarismo intelectual; con su secuela obligada de intolerancia respecto de los que no compartan el sentido de esos rituales. La eventualidad de un vicio como el descripto  pondría a muchos fugitivos de dogmas y de  iglesias, alevosamente, dentro de un nuevo brete del pensamiento, con andariveles divergentes del librepensamiento. Esto, por lo de mítico e irracional que se agazapa en la idiosincrasia del hombre. Cualidades atávicas que aún lo acompañan en el siglo XXI. Y que seguramente anidará en el hombre largamente.

Todo un tema, merecedor de reflexiones exclusivas, para ahondar la explicación de sus raíces,  alcances, necesidad, e inclusive sentido y justificación. Porque también es cierto que con el racionalismo extremo no alcanza: aún con la difusión aparentemente consolidada del pensamiento racional, por efecto del predominio de las formas occidentales y la globalización, subyace muy visceralmente arraigado el  Pensamiento Mítico.

Adviértase que la razón, como instrumento legítimo del acceso al conocimiento, se ha hecho presente de manera predominante, sólo últimamente. A lo largo de la vida del “homo sapiens”, desde su prehistoria tan dilatada (de un millón de años)  hasta su corta historia (de cinco mil años), únicamente en el lapso  final y entrecortadamente, aceptó los métodos racionales como caminos de acceso al conocimiento. La libertad de pensamiento, esa pretensión de objetividad nacida de la independencia de los parámetros impuestos por la “autoridad”, que imponen las distintas religiones, es un criterio privativo de este siglo. Constante puja en la que la verdad numerosas veces sale maltrecha.

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